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martes, 17 de junio de 2014

Argentina una vez más hundida por el imperialismo de la deuda externa...


Los fondos buitre reclaman que el pago sea inmediato

Sólo tres horas después de conocerse la decisión, pidieron que se levante la medida cautelar
Por  Fuente: Diario la Nación del 18-06-2014

Como todo presidente expuesto a una crisis de reservas, Cristina Kirchner está de nuevo ante una opción molesta: debe elegir entre preservar su identidad o mantener la gobernabilidad.
Preservar su identidad significa ser fiel a su discurso. En este caso, no negociar con los fondos buitre o "depredadores seriales", como ella llama a los tenedores de bonos en default. Muchas veces la Presidenta sugirió lo que ocurriría si la justicia de Estados Unidos satisfacía el reclamo de los holdouts embargando los fondos que el país deposita en el Bank of New York para pagar los bonos reestructurados en 2005 y 2010: "No pueden obligar a un país a no cumplir sus compromisos", repitió.
Traducido: no soy yo quien decidió la cesación de pagos; fueron los jueces.
Alineados con esta posición, algunos interlocutores de Carlos Zannini y Kicillof les hacen ver que es el peor momento para negociar con el fondo Elliott y los demás holdouts beneficiados por la Corte. "Esos tipos quedaron en una posición inmejorable; sentarse hoy significa darles todo", explicaba uno de esos especialistas ayer. Es verdad: el fondo Elliott y los demás tenedores de bonos en default consiguieron ayer dos pronunciamientos de la Corte en su favor. Además de no tratar la apelación de la Argentina, el tribunal rechazó un pedido del Departamento de Estado para que, en nombre de la ley de inmunidad soberana, se prohíba embargar o pedir información sobre activos del país ( http://www.law.cornell.edu/supct/pdf/12-842.pdf ).
¿Qué proponen los consejeros de Zannini y Kicillof? Ignorar los fallos y ofrecer a los tenedores de bonos reestructurados que cobren sus acreencias en Buenos Aires. El Gobierno duda muchísimo en aceptar esa "solución". En varios bancos de inversión también son escépticos. Dicen que "reunir a todos los bonistas detrás de ese programa es imposible".
Si se descarta una negociación con los holdouts, que es la vía que la mayoría de los expertos considera más sensata, se podría abrir otra perspectiva turbulenta: que el Gobierno resuelva volver a reestructurar toda la deuda.
Estos enfoques suponen, desde el punto de vista político, que Cristina Kirchner se atará a su palabra: no negocio con los "buitres". No es lo que hizo cada vez que quedó al borde del abismo. Ella se cansó de repetir que "los que quieren una devaluación, que esperen otro gobierno". O que "los que pretenden subir la tasa de interés buscan enfriar la economía". También negaba la inflación porque era un argumento de los tenedores de bonos actualizados por CER. Sin embargo, devaluó, subió las tasas y sinceró la inflación. No debería sorprender, entonces, que Axel Kicillof se sentara con Paul Singer, el titular del fondo Elliott, para negociar la heroica fase final del "desendeudamiento".
La intransigencia en las consignas activará una mayor caída de reservas monetarias. Ayer hubo un ensayo general de ese drama. El precio de los bonos se derrumbó y comenzó la presión sobre el dólar a través de operaciones de contado con liquidación. Los expertos vaticinan que la brecha entre la cotización oficial de la divisa y la paralela tenderá a agigantarse. Para seducir a los ahorristas a conservar sus pesos habrá que aumentar la tasa de interés. La actual, de 27%, es elevadísima. Pero en el nuevo contexto es muy barata. Las consecuencias de esta dinámica se sentirán en el nivel de actividad, que seguirá cayendo, con la consiguiente destrucción de puestos de trabajo. El termómetro político indicará más tensión social y sindical. Este camino desemboca en el lugar que se quería evitar cuando se lo tomó: con una economía que se contrae ya no 1 sino 4%, que es lo que prevén los economistas más serios, la pretensión presidencial de abandonar el poder envuelta en la bandera de la distribución del ingreso será una quimera.
Los votantes que prefieren al kirchnerismo porque garantiza las fuentes de trabajo buscarán otras opciones.
La alternativa es resignar otra consigna y negociar con los holdouts. En una audiencia que se celebró el 31 de mayo, Thomas Griesa ofreció su juzgado como marco para esa transacción. Existe un argumento que la desalienta: los bonos reestructurados en 2005 y 2010 llevan una cláusula RUFO (rights upon future offer), por la cual el Estado se obliga a extender a sus tenedores las ventajas que conceda en un eventual convenio con los holdouts. La validez de ese requisito es discutible, porque en este caso no habría un acuerdo voluntario, sino el cumplimiento de un imperativo judicial. Así se entiende la respuesta, en principio escandalosa, que dieron los abogados de la Argentina cuando los jueces de la Cámara de Apelaciones de Nueva York les preguntaron si acatarían sus sentencias: "Voluntariamente, no". Estaban fijando posición para un eventual reclamo de los bonistas que se amparan en la cláusula RUFO. Esas demandas se realizarían ante el propio Griesa, que obligó a pagar a los holdouts.
La Presidenta pasó ayer el día envuelta en llamas. A su lado, sólo Jorge Capitanich aconsejaría negociar con los holdouts. Zannini y Kicillof son más inflexibles. Pero nadie ofrece una hoja de ruta clara. En las últimas semanas hubo una extraña coincidencia: el gobierno argentino, la oposición, los abogados del fondo Elliott y el mercado financiero coincidieron en que, antes de rechazar la apelación, los jueces consultarían al solicitor general, el abogado de la Casa Blanca, para que emita un dictamen sobre el caso. Muchos banqueros, a veces en contra de lo que opinaban sus asesores jurídicos, supusieron que los magistrados serían sensibles a la carga política del pleito. Después de todo, Francia, Brasil, México y el Fondo Monetario se habían presentado como amicus curiae respaldando a la Argentina. La señal más clara de este consenso fue que los bonos del país no paraban de subir.

Los fondos buitre reclaman que el pago sea inmediato


Sólo tres horas después de conocerse la decisión, pidieron que se levante la medida cautelar
Por    Fuente: Diario la nación del 18-06-2014

Fue más que retórica. Además del "es hora de que la Argentina honre sus compromisos con los acreedores", los fondos buitre dieron ayer pasos sigilosos pero concretos ante el sistema judicial norteamericano para hacer valer su victoria. Es su carta fuerte y quieren ponerla sobre la mesa ya.
Fue una reacción rapidísima. Como si la hubiesen tenido lista. No habían pasado más de tres horas de la decisión del tribunal supremo y los llamados holdouts se presentaron ante la Corte de Apelaciones de Nueva York para pedir que se levante "de forma inmediata" la medida cautelar (stay) que, por ahora, impide la ejecución de los fallos adversos al país.
Firmado tanto por los abogados del fondo NML Elliot como los de Aurelius Management, el texto pide a los tres jueces de la Cámara de Apelaciones neoyorquina que produzcan un "mandato".
Según se explicó a LA NACION, la producción del "mandato" significa, precisamente, levantar la cautelar y poner en ejecución los fallos adversos.
"La que ahora tiene la potestad de levantar o no la cautelar es la Corte de Nueva York, y yo no creo que tarde muchos días en decidirlo. Más bien, diría que unos pocos días", dijo a LA NACION Richard Samp, abogado de la Washington Legal Foundation, que ha venido siguiendo el caso.
Ganadores en el terreno judicial, los fondos buitre no hicieron ayer declaraciones. Sí fijaron su estrategia de dureza con los hechos y con una breve declaración.
"El tribunal más alto de los Estados Unidos ha hablado. Ahora es el momento para que la Argentina honre sus compromisos con sus acreedores", dice el texto. Si la Argentina decide honrar los fallos de primera instancia "terminará produciendo un beneficio a su economía y a su posicionamiento internacional", añade.
Desde la perspectiva de los demandantes, la batalla se da ahora entre la fuerza de un fallo absoluto en su favor y la necesidad de convertirlo en real. "Tener la razón les da una posición de fuerza. Pero eso no significa necesariamente que vayan a cobrar, y ellos quieren cobrar", indicó un abogado que sigue la causa.
Esperaban anoche una definición del gobierno argentino y estaban atentos a eso. Si bien no lo dijeron abiertamente, la impresión anoche era que su estrategia podría apuntar a una negociación sobre la forma de pago, con una supervisión del juez Thomas Griesa. "Con la decisión del máximo tribunal, las responsabilidades están claras. El levantamiento de la medida cautelar está en manos de la Corte de Nueva York. Si lo levanta, el fallo de Griesa queda ratificado y el juez puede poner en marcha los embargos o, si lo solicitan las partes, supervisar una negociación entre partes", dijo Samp.
Ése era el escenario que se preveía para los triunfadores de la jornada. Un panorama que se dio vuelta para la Argentina con sólo una palabra. "Denegado", dijeron los jueces a su pedido de apelación, y el abismo se abrió amenazante. Fueron ocho jueces los que firmaron la sentencia y posiblemente nunca se sepa quiénes la apoyaron con su voto y quiénes no. Es el misterio de un sistema judicial que actuó con independencia de los demás poderes, incluido el de la Casa Blanca. Sólo se sabe que la hispana Sonia Sotomayor se abstuvo de tomar parte.
Más allá de algún recurso, que tiene más de formal que de real, la vía judicial se acabó. "Ese camino está acabado", dijo Anna Gelpern, de la Escuela de Derecho de Georgetown.
Le queda al Gobierno la formalidad de pedir una "reconsideración" (rehearing) del caso. Tiene un plazo de 25 días para hacerlo. Pero quienes conocen a la Corte Suprema de EE.UU. dicen que eso no tiene futuro y que será rechazado. Aclaran también que ese plazo no paraliza nada. Que si la Argentina no mueve su ficha -por alguna vía alternativa- los fallos por los que ya fue condenada perderán el amparo de la medida cautelar (stay) que ahora los tiene en suspenso y entrarán en ejecución.